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Pediatría

Fiebre en niños: cuándo preocuparse y cuándo no

5 de noviembre de 2026 · Por Redacción Por qué Doctor · Pediatría

La fiebre es uno de los motivos de consulta pediátrica más frecuentes y, sin duda, una de las principales preocupaciones de madres y padres. Sin embargo, es importante entender que la fiebre no es una enfermedad en sí misma, sino un síntoma: una respuesta natural del sistema inmunitario ante una infección o proceso inflamatorio. Saber identificar cuándo se trata de algo pasajero y cuándo requiere atención médica urgente es fundamental para actuar con calma y eficacia.

¿Qué se considera fiebre en niños?

Hablamos de fiebre cuando la temperatura corporal supera los 38°C medida en el recto, los 37,5°C en la boca o los 37,2°C en la axila. Es importante tener en cuenta que la temperatura puede variar ligeramente a lo largo del día, siendo más elevada por la tarde-noche. En menores de tres meses, cualquier temperatura superior a 38°C debe ser valorada por un pediatra de forma inmediata.

La temperatura se puede medir con diferentes tipos de termómetros: digitales (los más recomendados), de oído o de frente. Los antiguos termómetros de mercurio están prohibidos por su toxicidad. La medición rectal es la más precisa en lactantes, aunque la axilar es suficiente en niños mayores.

Causas habituales de fiebre infantil

La gran mayoría de las fiebres en la infancia están provocadas por infecciones víricas leves y autolimitadas, como resfriados, gastroenteritis o faringitis. Estas suelen resolverse solas en pocos días sin necesidad de tratamiento específico más allá del control de la temperatura y la hidratación.

Otras causas frecuentes incluyen:

  • Infecciones bacterianas: otitis, infecciones de orina, neumonía o amigdalitis, que pueden requerir antibióticos.
  • Vacunación: es normal que aparezca febrícula o fiebre leve tras algunas vacunas, generalmente en las primeras 48 horas.
  • Exceso de abrigo: especialmente en bebés pequeños, que aún no regulan bien su temperatura.
  • Deshidratación: puede elevar la temperatura corporal.
  • Enfermedades inflamatorias o autoinmunes: menos frecuentes, pero posibles en fiebres prolongadas sin causa aparente.

Señales de alarma: cuándo preocuparse

Aunque la mayoría de fiebres son benignas, existen signos de alerta que indican la necesidad de consultar con urgencia:

  • Bebés menores de tres meses con fiebre (más de 38°C).
  • Fiebre superior a 40°C en cualquier edad.
  • Fiebre que dura más de 72 horas sin mejoría o sin causa identificable.
  • Decaimiento importante: el niño está excesivamente somnoliento, irritable o no responde con normalidad.
  • Dificultad respiratoria: respira muy rápido, se marcan las costillas o presenta coloración azulada.
  • Manchas en la piel de color rojo oscuro o violáceo que no desaparecen al presionar (petequias).
  • Convulsiones febriles: aunque suelen ser benignas, requieren valoración médica.
  • Rechazo completo del alimento o signos de deshidratación: boca seca, ausencia de lágrimas, menos pañales mojados.
  • Vómitos o diarrea persistentes.
  • Rigidez de nuca o fontanela (mollera) abultada en lactantes.

Cuándo la fiebre no debe alarmarnos

Si el niño tiene fiebre pero está activo, juega, come y bebe con normalidad, y no presenta signos de alarma, generalmente no hay motivo para preocuparse en exceso. Es habitual que la fiebre suba por la tarde-noche y baje por la mañana, y que el pequeño esté más decaído mientras tiene temperatura elevada pero se recupere al bajarle.

La altura de la fiebre no siempre se corresponde con la gravedad de la enfermedad. Hay infecciones leves con fiebres altas y, por el contrario, procesos serios con febrícula. Lo más importante es observar el estado general del niño.

Consejos prácticos para manejar la fiebre en casa

  • Mantener al niño bien hidratado: ofrecer agua, leche materna o líquidos con frecuencia.
  • No abrigar en exceso: vestir con ropa ligera y mantener la habitación a temperatura confortable.
  • Usar antitérmicos como paracetamol o ibuprofeno siguiendo las dosis recomendadas por peso y edad, si el niño está molesto.
  • No aplicar friegas de alcohol ni baños con agua fría: pueden resultar contraproducentes.
  • Respetar el descanso: permitir que el niño duerma y se recupere.
  • Observar la evolución: tomar nota de la temperatura, síntomas acompañantes y estado general.

Conclusión

La fiebre es un mecanismo de defensa del organismo que, en la mayoría de ocasiones, indica que el sistema inmunitario está funcionando correctamente. Aunque puede generar inquietud, especialmente en padres primerizos, mantener la calma y saber identificar los signos de alarma es esencial. Ante cualquier duda o si aparecen síntomas preocupantes, no hay que dudar en consultar con el pediatra.

Recuerda: este artículo tiene carácter informativo y divulgativo. No sustituye en ningún caso la consulta con un profesional sanitario cualificado, quien debe valorar individualmente cada situación.