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Pediatría

Fiebre en niños: cuándo preocuparse y cuándo no

31 de julio de 2026 · Por Redacción Por qué Doctor · Pediatría

La fiebre es uno de los motivos más frecuentes de consulta pediátrica y, sin duda, una de las mayores fuentes de preocupación para los padres. Sin embargo, es importante entender que la fiebre no es una enfermedad en sí misma, sino un síntoma que indica que el sistema inmunitario está combatiendo una infección. Saber interpretar cuándo requiere atención médica inmediata y cuándo podemos manejarla en casa resulta fundamental para actuar con tranquilidad y sensatez.

Qué consideramos fiebre en la infancia

Hablamos de fiebre cuando la temperatura corporal supera los 38°C medida en el recto, los 37,5°C en la boca o los 37,2°C en la axila. Es importante saber que la temperatura corporal varía a lo largo del día, siendo generalmente más baja por la mañana y más alta al final de la tarde, sin que esto signifique necesariamente que exista un problema.

La febrícula, por su parte, se refiere a una elevación leve de la temperatura que oscila entre 37°C y 38°C. Puede aparecer tras ejercicio intenso, en ambientes muy calurosos o cuando el niño está muy abrigado, sin que haya infección alguna.

Cuándo la fiebre NO debe alarmarnos

En la mayoría de los casos, la fiebre en niños está causada por infecciones víricas leves que se resuelven solas en pocos días. Podemos mantener la calma cuando:

  • El niño tiene más de tres meses de edad
  • A pesar de la fiebre, el pequeño se mantiene activo, responde con normalidad y acepta líquidos
  • La fiebre responde bien a los antitérmicos (paracetamol o ibuprofeno)
  • No presenta otros síntomas graves asociados
  • El estado general del niño es bueno entre los picos febriles
  • La fiebre lleva menos de 48-72 horas de evolución

Señales de alarma que requieren consulta urgente

Existen situaciones en las que la fiebre puede indicar un proceso que necesita valoración médica inmediata. Debemos acudir a urgencias sin demora cuando:

  • El bebé tiene menos de tres meses, especialmente si no ha cumplido el mes de vida
  • La temperatura supera los 40°C
  • El niño presenta petequias (pequeñas manchas rojas o moradas en la piel que no desaparecen al presionarlas)
  • Muestra dificultad respiratoria, respiración muy rápida o quejido al respirar
  • Está excesivamente adormilado, irritable o cuesta mucho despertarlo
  • Rechaza completamente los líquidos o presenta signos de deshidratación
  • Aparecen convulsiones (las convulsiones febriles son relativamente frecuentes pero siempre deben valorarse)
  • Tiene rigidez de cuello, dolor de cabeza intenso o vómitos en escopetazo
  • La fiebre persiste más de tres días sin causa aparente

Cómo actuar ante la fiebre

Cuando nuestro hijo tiene fiebre sin signos de alarma, podemos seguir estas recomendaciones:

  • Mantener al niño hidratado, ofreciendo líquidos con frecuencia
  • No abrigar en exceso; vestirlo con ropa ligera y mantener la habitación a temperatura confortable
  • Administrar antitérmicos según el peso del niño y siguiendo las indicaciones del pediatra
  • Evitar baños con agua fría, que pueden resultar contraproducentes; el agua templada es más adecuada si es necesario
  • Permitir que el niño descanse, sin forzarle a comer si no tiene apetito
  • Vigilar su estado general y la evolución de otros síntomas

Mitos frecuentes sobre la fiebre infantil

Es importante desterrar algunas creencias erróneas. La fiebre en sí misma no causa daño cerebral, salvo que alcance temperaturas extremas superiores a 42°C, algo excepcional. Tampoco es necesario despertar al niño para administrar antitérmicos si está descansando tranquilamente. El objetivo no es eliminar completamente la fiebre, sino mantener al niño confortable.

Asimismo, la altura de la fiebre no siempre indica la gravedad del proceso. Un niño con 39°C que juega y bebe puede estar mejor que otro con 38°C decaído y apático. El estado general es el mejor indicador de gravedad.

Conclusión

La fiebre es un mecanismo de defensa natural del organismo y, en la mayoría de ocasiones, no reviste gravedad. Conocer las señales de alarma nos permite actuar con criterio, evitando tanto la ansiedad innecesaria como la demora peligrosa en buscar atención médica cuando realmente se necesita.

Este artículo tiene carácter informativo y divulgativo. No sustituye en ningún caso la consulta con un profesional sanitario. Ante cualquier duda sobre el estado de salud de vuestro hijo, consultad siempre con vuestro pediatra de referencia.